Hace ya unos cuantos años por los corredores del Edivica y Ateneo de Valera, conocí a Ateyus, cargado de sueños, ilusiones, esperanzas con sus dos únicos compañeros para el momento: un papel y un lápiz. Poco a poco fue madurando y con ello su poesía que hoy nos regala en su primer libro titulado “Pinceladas Líricas” del cual podemos sumergirnos en un gran cauce de sensibilidad que contienen cada una de sus páginas donde el amor es tema relevante en sus escritos. Cuando se despidió de aquella mujer, que más nunca –humedecerá tus espacios- y sigue extrañando su presencia cual payaso extraña la soledad cuando se halla en medio de la fiesta y cuando se quita el maquillaje se vuelve a hallar solo, para seguir la indiferencia, ya que la dama de cuán apostura no le concederá un intervalo. Su espíritu navega sobre la majestuosidad del viento escribiendo un poema en la distancia viviendo a expensas de su imaginación. Viendo las noches destellando en el silencio, marchitando fragancias solitarias teniendo un solo vicio ser quien es. En sus prosas evoca los lugares que quedaron marcados en la imborrable huella del tiempo, donde solo quedó un pintor de ilusiones, que dibuja el papagayo en la búsqueda de ellos, junto a Careton, Careta, Carita y Caretona esos artistas de la ciudad de la ilusión, donde también habitan Manino, Tatuco, Tico, Lucas, y hasta Pildorín, Cara e´chiste, quienes beben un trago mientras Pytusa interpreta alguna melodía en su bandurria, así transcurrió. En sus reflexiones nos invita a la lucha, al despertar día a día con la frente en alto y enfrentarnos a las vicisitudes cotidianas y vencerlas... En sus meditaciones nos regala ese mensaje de amor que una vez Dios enseñó a sus Apóstoles. Ateyus, inspirado por Dios, su infalible Dios que a más de un ateo seguro pone de mal humor. Es el artista popular, el caminante peregrino quien se entrelaza con las palomas en la Plaza Bolívar se toma algún café en cualquier esquina o simplemente intercambia ideas con cualquier ciudadano que se consiga a su paso, tal vez lo consigamos con su flauta, clarinete regalándole un “Moliendo Café” a la majestuosa Catedral de Valera, Edo. Trujillo – Venezuela, o mirando las estrellas para escribirles un poema.. Si algún día ven a un joven, con su inrasurable bigote, su camisa, su pantalón, su maletín, caminando por alguna calle de la urbe valerana y desean hablarle, ¡no teman!, Ateyus siempre estará con su humildad dispuesto a escuchar sus quejas, sus opiniones y sus críticas. A lo que nos contamos entre sus amigos es un verdadero honor, a los que siempre destruyen y siempre han sido envidiosos y egoístas seguro estoy que a el no le importa. No olviden que “ser humilde en ser sabios”.
martes 20 de octubre de 2009
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